El regadío es pieza fundamental del sistema agro alimentario español. Aporta más del 50% de la producción final agraria, ocupando solamente el 20% de la superficie agrícola útil de nuestro país.

Los puntos críticos o sensibles al consumo de energía se encuentran no sólo en el tipo de cultivo y en la superficie a regar, sino también en el diseño del sistema: en la captación de agua (subterránea o superficial), en las dimensiones de las tuberías a presión (longitud y diámetros) y su trazado (topografía del terreno y cotas) y en la presurización final del sistema de riego seleccionado (aspersión, goteo o gravedad), sin obviar la central de bombeo.

Para hacer un resumen, el siguiente guión que debería servir para determinar los potenciales de mejora:

  1. Eficiencia energética en bombeo: introducción de variadores de frecuencia en las bombas en régimen variable, mejora de rendimientos en los equipos de impulsión, automatización de los sistemas de mando, maniobra y control, y diseño de redes optimizadas energéticamente.
  2. Sectorización en los diseños de redes de riego por tipos de riego y por cotas del terreno; análisis de horarios. También debemos analizar el sistema de control del agua con contadores individuales y un sistema de contraste del agua consumida a nivel general.
  3. Unidad de riego y equipamiento en las parcelas: cambio de sistemas de aspersión a goteo; diseño interior de las parcelas en riegos a presión que minimicen los requerimientos de energía; análisis de las pérdidas de carga en hidrante; ubicar las tomas de riego  preferiblemente en puntos altos, migrar sistemas de riego gravedad a riego por goteo en base a bombeos accionados por energía solar fotovoltaica (existen ya muy buenas aplicaciones).

 

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